El agua de desecho en países desarrollados se
van a depuradores donde se trata para después verterla en ríos, lagos y mares.
Pero en países en vías de desarrollo como México se calcula que el 90% del agua
de desecho se vierte directamente en los cuerpos de aguas naturales, generando
un gran problema, la muerte por enfermedades relacionadas con el líquido
contaminado.
El
Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente alerta que si no se hace nada
al respecto para mejorar la gestión de residuos, la situación empeorará, ya que
cada año se acumulan entre 300 y 500 millones de toneladas de metales pesados,
disolventes, lodos tóxicos y desechos contaminantes en los ríos, lagos y mares,
afectando aproximadamente 2000 millones de toneladas de agua limpia.
El
agua y la salud tienen una relación muy estrecha ya que el agua limpia es
fundamental para reducir enfermedades como cólera, hepatitis viral, disentería
y otras enfermedades transmitidas por agua. En México 90% de las muertes por
enfermedades diarreicas, se deben por falta de agua potable. Los mexicanos son
los principales consumidores de agua embotellada en el mundo debido a la falta
de confianza en la calidad del agua suministrada. En países como Argentina,
Chile, India y México se han encontrado aguas subterráneas contaminadas con
arsénico, situación que provoca enfermedades en la piel. Por otro lado la
dispersión de enfermedades como dengue o zika son generadas por la
proliferación de mosquitos que se desarrollan en encharcamientos o pantanos. La
escasez del líquido vital provoca inequidad, enfermedad y muerte. Es un hecho
de que no se acabará con ninguna enfermedad hasta que se asegure la
disponibilidad de agua potable y asistencia sanitaria básica para todos. Tener
agua suficiente, segura y accesible para usos domésticos y personales es un
derecho humano.